Adáptate al clima del país al que migraste

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la temperatura ideal para el ser humano oscila entre los 18° y los 24°. Diversos estudios añaden que una humedad entre el 40 y el 70% y una velocidad del aire entre 0.15 a 0.25 metros por segundo, son niveles óptimos para nuestra vida diaria. Fuera de estos parámetros, sobretodo cuando tenemos que hacer una adaptación a climas extremos, empezamos a sufrir una especie de stress meteorológico

Bien sabemos que los extremos son malos, ya sean olas de calor abrumadoras o tormentas de nieve y frío incesante. Estos climas excesivos influyen negativamente en nuestros mecanismos neuroquímicos. No son buenos ni para el cuerpo, ni mucho menos para el estado emocional y psicológico de ninguna persona.

Sin embargo, a veces nos toca migrar a países que desafortunadamente no tienen el clima ideal que recomienda la OMS.  A eso hay que añadirle que contamos con la gran desventaja de no haber nacido en esos lugares. Por lo que la adaptación y la manera de enfrentar climas extremos, nos producirá un irremediable stress meteorológico que puede convertirse en una verdadera  lucha física y psicológica.

Adaptación a clima extremos

Días de calor en los que te derrites como helado

 

¿Te imaginas estar caminando empapado de sudor y que sople el viento, pero en lugar de refrescarte, sientas que estás frente a un carbón encendido que te quema la cara? ¿O quemarte el “culete” porque se te ocurre sentarte en algún lugar soleado? ¿Qué pasaría si descubres que sudas más en la calle por el calor que hace, que en el gym por hacer ejercicio?

Estas experiencias son el día a día de muchas personas que viven primaveras y veranos bajo excesivo calor. Eso sin mencionar; las rozaduras en tu cuerpo por el sudor, el  cansancio crónico, la fatiga y los dolores de cabeza que puedes sufrir.

Y es que ir a trabajar con un clima así, resulta verdaderamente agobiante. En lo personal, en los días de intenso calor que he vivido (+ de 40°) me he puesto triste y de malas. Vivir todos los días con dolor de cabeza tomando ibuprofeno, súper sudada aunque te bañes dos veces  y con un bajo rendimiento no sólo físico sino intelectual, me sobrepasa.

Sará Hernández Benítez quien vive en Dubai con temperaturas que se encuentran entre los 40° y los 50°  menciona:  

Es un clima del infierno. Estamos a 50° y con una humedad casi al 100%. Es como vivir en una sopa caliente.

Irene del Valle  quien vive en Sevilla con un verano sofocante comparte:

El año pasado venía regresando del trabajo en bici, no sé ni cómo lo hice con ese calor. En eso, vi que el termómetro de la calle marcaba 52°. Se me salió una lagrimita de la desesperación, fue como caer en consciencia de lo extremo que estaba viviendo. Estaba sudando lo insudable.

¿ Sabías que el calor extremo produce irritabilidad, bajo rendimiento y violencia?

 

El clima es un regulador de nuestro estado de ánimo y humor.  Un bonito día de sol nos predispone a la alegría, pues la radiación ultravioleta  eleva nuestros niveles de  la hormona de la felicidad, conocida como serotonina. Hace que nos despertemos más temprano porque inhibe la producción de la hormona del sueño, la melatonina.  Y sobretodo, el sol es la mayor fuente de producción de vitamina D, que mejora el sistema inmune, el óseo y el bienestar

Sin embargo, un calor agobiante también produce mal humor, la razón es que el área de control de temperaturas del cerebro está muy cercana a la de nuestras emociones. Por lo que un recalentamiento en esta zona, invariablemente tiene un efecto colateral, traducido en: mayor irritabilidad.

Investigadores de la Universidad de Berkeley y Princeton publicaron un estudio  en la revista Science donde analizaron más de 60 estudios sobre la relación entre los brotes de violencia y las altas temperaturas. Encontrando que las temperaturas más cálidas, pueden aumentar considerablemente el conflicto y la violencia.

Por si fuera poco, también se ha descubierto que el calor puede influir en la economía de los países.  Estudios al respecto, mencionan que por cada grado centígrado por encima de la temperatura media, los países pierden 1.1% de su crecimiento y de capacidad de producción.

Esto nos lleva a concluir que el calor extremo tiene graves estragos tanto a nivel físico como psicológico.

 

Días fríos que te ponen depre…

 

¿Te imaginas tener comezón constante en la piel, resequedad y labios partidos  casi siempre? ¿Salir con capas de ropa obligatoriamente para poder salir de tu casa debido al gran frío?  O incluso tener dolores musculares o de rodilla simplemente porque el termómetro de dónde vives, bajo a menos 6 grados. ¿O  tener que buscar y usar un calzado  adecuado para evitar resbalarte en la nieve? Estos son solo algunos de los retos que enfrentan todas  las personas  que viven en países con fríos intensos.

Violetta Plattar menciona:

Una  noche de invierno se me olvido el gorro y se me congelo una oreja, yo pensé que se me iba a caer. Después de un rato me empezó a punzar, se me inflamó, y se puso roja. Cuando cedió la inflamación se me empezó a despellejar. Me recupere, pero la oreja me quedo sensible al frio de manera permanente.

Susana quien vive en Canadá con inviernos exageradamente largos, comenta:

Me ha costado adaptarme a los inviernos de aquí. Tanto es así, que será un elemento decisivo para el país donde vayamos a vivir en un futuro. Me encanta Canadá por mil cosas, es maravillosa, pero la falta de luz es intolerable.

Falta de luz solar 

¿Sabías que la falta de luz puede afectar terriblemente tu estado anímico?

 

Estar súper triste, pesimista, irritable, con ganas de no hacer nada, cansado e incluso con muchísimo sueño, son algunos síntomas del trastorno afectivo estacional o depresión invernal, que muchas personas sufren en otoño o invierno.

Este trastorno fue catalogado así por el psiquiatra Norman Rosenthal en 1984. Es un tipo de depresión causada por la falta de luz solar, que provoca bajos niveles de serotonina y de carencia de vitamina D. Aunado a ello, al ser los días más cortos se produce más melatonina, lo que nos lleva a tener más sueño y a alterarse nuestro ritmo biológico.

Diversos estudios coinciden en que este tipo de depresión estacional afecta 5 veces más a las mujeres.

 

¿Cómo mejorar mi adaptación al clima infernal del país al que migre?

 

Hemos visto que los extremos son malos, ni mucho frío ni mucho calor son buenos para el ser humano. El clima templado es lo mejor para un buen estado de ánimo y salud.  Sin embargo seamos realistas, la mayoría de los países no tienen ese clima ideal que recomienda la OMS.

Para aquellas personas que como yo, migraron a países con climas infernales, que muchas veces hacen que se planteen regresarse a su lugar de origen.  Quiero decirles, que no sólo nos queda la resignación, aquí les tengo algunos consejos para favorecer su adaptación a ése clima.

1.- Allá donde vayas, haz lo que vieres.

Este refrán encierra mucha sabiduría. Nos incita a adaptarnos a las costumbres y formas de vida del lugar donde ahora vivimos. Copia y reproduce los hábitos de los habitantes de un lugar para contrarrestar el agobiante calor o frío.

Por ejemplo.

En el sur de España se recomienda cerrar ventanas y bajar persianas, para evitar que entre el calor de afuera e intentar conservar un microclima más fresco en el interior de tu casa. Usa la ropa adecuada, come los alimentos que te recomienden de acuerdo a las condiciones climáticas del país donde ahora vives. ¡Cómprate ese abanico, esas botas de lluvia antiderrapantes! Hazlo, será una gran inversión.

2.- Conoce tu cuerpo y atiéndelo

Infórmate sobre los síntomas, trastornos o enfermedades que aparecen por el clima excesivo en el que ahora vives. Si detectas que tienes varios o uno de sus síntomas, ve al médico.

Por ejemplo:

Para remediar la depresión invernal, podrías tomarte vitamina D y darte fototerapia; un tratamiento que consiste en exponerte a un luz similar a la luz solar durante un corto periodo de tiempo.

3.- Sé positiva/o

Estarte quejando a cada instante por el tiempo que hace, odiando el clima en el que ahora vives, hace más grande nuestro problema y evita nuestra adaptación. ¿La razón? Te enfoca más en ello y hace que pierdas energía. 

No lo niego, durante dos semanas yo estuve quejándome del calor, del dolor de cabeza, de mi deshidratación, del sudor, de las rozaduras. Incluso llegué a llorar por tanto calor. Suena exagerado, pero estar constantemente cansada, con un stress físico, intentando respirar aire sumamente caliente y sofocante, es una pesadilla. 

Un buen día mi cuñado, me comentó que tener una actitud positiva hacia lo que nos pasaba, mejoraba cualquier situación. Sobre todo frente a acontecimientos y sucesos que uno no puede controlar; en este caso el clima.  Recordemos que todo lo que nos pasa es 90% como lo percibimos y 10% el hecho en si.

Así que esta recomendación decidí aplicarla a mi constante malestar con el clima. Aceptémoslo, era más fácil seguir con la misma actitud.  Sin embargo, al día siguiente me dedique a decir: “Amo el calor,  sentirlo y  sudar es un síntoma de que estoy viva”. Y como arte de magia, empecé a aclimatarme. Obvio a veces tenía mis dolores de cabeza y tenía que tomar mi ibuprofeno, pero al no estar enfocada en la parte negativa del clima, hizo que cambiará radicalmente mi vida y sintiera menos calor.

Como bien dicen, a todo se acostumbra uno, menos a comer, a no dormir y a no ir al baño. Así que valientes expatriadxs, si ya tomaron la decisión de vivir en otro país, enfrentaron el duelo migratorio y un sin número de cambios, ustedes tienen el poder de adaptarse a cualquier clima. ¡No lo duden!

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