¿Mi casa es tu casa?: Recibir visitas en otro país sin sufrir en el intento

¿Mi casa es tu casa?: Recibir visitas en otro país sin sufrir en el intento

Cuando vives fuera de tu país y en el extranjero, que tus amistades y familiares te visiten y se queden en tu casa, son momentos súper esperados y deseados por muchos de nosotros. Sin embargo, esta bendición se puede convertir en una verdadera pesadilla por varias razones. Para hablar a profundidad sobre el tener visitas en casa, pero desde el lado psicológico, emocional e incluso social, quise hablar con nuestra psicoterapeuta de cabecera: Irene del Valle de Mentes en Equilibrio, especialista en estos temas.

Clic en el siguientes enlace para escuchar el podcast:

O si lo prefieres, lee la entrevista:

Sabemos que no hay normas explícitas de sana convivencia ni para los anfitriones ni para los invitados que van a pasar unos días o una estancia determinada en nuestras casas. Pero ¿Cómo podemos planear una visita para que, tanto a los invitados como a nosotros, nos resulte una estancia sana y linda… de la que podamos sacarle provecho y disfrutar?

No hay normas universales y muchas veces son implícitas, nos comportamos como creemos que tenemos que hacerlo. El estereotipo del buen anfitrión es el que lo hace todo y le resuelve la vida a sus visitas y el estereotipo de un buen visitante es el que no causó problemas, ni incomodidades, pero bajo esa premisa, podemos dejar de lado muchas cosas sin decir, muchas necesidades sin cuidar y tener el riesgo de sentirnos incómodos.

Así como cada persona es un mundo, no hay reglas únicas, sino más bien con cada persona que nos visita necesitamos conversar nuestras expectativas, nuestros deseos, pero también nuestras posibilidades en cuanto a tiempo, energía, espacio, e incluso economía, para acordar cómo podemos recibirles. Es muy importante preguntarles a ellos que esperan de su tiempo de visita, entre más claras estén las expectativas, y más honestos seamos y permitamos que sea la otra persona, más cómodos estaremos el tiempo que compartamos.

Y ya no solo hablar de los lugares turísticos a los que se irán, sino sobre lo que cada uno espera de este encuentro. Mi sugerencia es que pregunten: ¿Cómo quieren aprovechar la visita de ese ser querido? ¿Cómo quieren utilizar el encuentro y qué necesitan hacer en el tiempo que compartan para sentirse en paz con esa persona? Una vez que lo definan, pueden comunicarlo anticipadamente.

Por ejemplo: “Oye mamá me gustaría que un día que estés aquí, nos vayamos a tomar un café juntas” u “Oye papá quiero aprovechar que vendrás, para compartirte cosas que he estado reflexionando y meditando”.

Por otro lado, de forma más logística, es importante que hablemos de las necesidades de cada persona. Por ejemplo: Es importante hablar de los ritmos, a veces queremos llenar los días con una infinidad de actividades y no es necesario y puede ser contraproducente. Es importante analizar ¿Cómo mantengo energía física y emocional para esta visita? Y también hay que preguntarle a nuestra visita ¿Qué nivel de energía traen para el viaje? ¿Si esperan algo más relajado?

Otro punto para tocar a la hora de hablar de nuestras expectativas sobre la visita, son los espacios individuales y la implicación. En cuanto al espacio no solo es importante pensar en el espacio físico en el que esa persona estará: “Si tendrá una habitación o si estará en un espacio de uso común como un sofá o la sala, sino también es importante hablar sobre el espacio mental y el personal.

Tener visitas no significa sacrificar nuestra vida. Obviamente tal vez nos reservemos para compromisos más especiales, pero es importante no sentir que sacrificamos algo que queríamos hacer. No tenemos que entretener 24/7 a nuestras visitas, porque desde ese punto de vista, terminaremos agotados e incluso podríamos terminar resentidos.

En cuanto a la implicación hay que permitirles a nuestros invitados hacer algo. A veces creemos que hacer todo, es ser un buen anfitrión, pero la gente se siente más cómoda cuando puede hacer algo y se siente útil. Así que, si se ofrecen a hacerte de desayunar o a lavar los platos de la cena, permíteles que lo hagan, las relaciones sanas y las visitas saludables se basan en un dar y recibir.

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Pasemos a una fase dos, la planeación de nuestra visita fue estupenda. Pero con el paso de los días y con los claroscuros de la misma convivencia, pues se ha generado tensión y estrés durante la estancia y es que querámoslo o no, tener visitas por un par de días es increíble. Pero digamos que se vienen meses, evidentemente en este tiempo puede haber discrepancias, roces, malos y buenos días. ¿cómo salvar esta situación?

Eso muy común Clau, al final del día la convivencia tiene sus retos y necesitamos aprender a conciliar las diferencias. Creo que aquí lo importante es si ya anticipadamente se intuye o se cree que se puede tener alguna tensión en específico, comentarla desde antes. Mucha de la gente que nos visita, la conocemos y sabemos por así decirlo de qué pie cojea, entonces lo ideal sería establecer algunas peticiones o establecer algunos límites desde antes de que lleguen. Pero sí no se esperaba esa tensión lo primero es, elegir tus batallas, es decir, pregúntate si eso que te molesta es esencial o es algo en lo que puedes ser flexible y que puedes soltar. Si puedes ser flexible es genial, pero si es un área necesaria e innegociable lo mejor es comunicarlo para que no se acumule la tensión y explote la olla exprés emocional.

Y para comunicar lo que no nos está haciendo sentir cómodos, lo primero es explicar nuestra intención, que al final del día es evitar el conflicto por ejemplo algo como “Oye aún estaremos algunos días juntos y quiero que disfrutemos y estemos cómodos y por eso quiero pedirte tal”, si iniciamos hablando desde nuestra intención, la otra persona no se lo tomará a crítica y estará más abierta a escuchar la petición y a recibir el mensaje, si yo solo suelto el hecho que me está molestando, la otra persona se puede sentir agredida o criticada y cerrarse.

Visitas no deseadas, ¿Cómo evitar que te visiten personas que no quieres que te visiten, siendo educado? Cómo se aprende a decir que no. Que el mexicano es para eso es muy malo. Cómo evitar al conocido que se entera que vives en otro país y te ven como un hotel.

Esto es algo que desgraciadamente le pasa a muchos migrantes, que gente no muy cercana, que son más conocidos que amigos, quieren viajar y aprovechar ahorrarse un hotel y les avisan que llegan, sin preguntarles si es el momento oportuno o si tienen el espacio para recibirles o si su rutina se los permite.

Aquí el gran problema es que no sabemos decir que no. Que llevamos muy mal el hecho de poner límites. Nos vemos comprometidos a decirle a todo el mundo que si. A mí la verdad me encanta tener visitas y soy de las que suelen recibir con gusto, incluso a gente que es conocida y no tan amiga, pero hay gente que le pesa mucho y están en todo su derecho de no querer.

Hay algo que me dijo mi terapeuta y que se me quedó muy grabado y creo que aplica a esta situación, siempre hay un poco de culpa que pagar o culpa con otros por priorizar tus necesidades y decirle si a lo que deseas, que en este caso sería, decir que no puedes recibirles o culpa contigo mismo, por hacer de lado tus necesidades y deseos y priorizar lo que la otra persona quiere, en este caso llegar a tu casa y la pregunta es: ¿Qué culpa estás dispuesto a pagar?

Aprendamos a decirle a la gente que lo lamentamos pero que no podemos recibirles; hay gente que vive en habitaciones o departamentos muy reducidos. No le debemos nada a nadie y tenemos que pensar que ya es lo suficientemente complejo vivir lejos, como para forzarnos a invertir nuestra energía en una visita que no nos apetece o que en ese momento no es algo que deseamos o podemos afrontar. Podríamos negarnos y explicar por qué no es el mejor momento, sugerir algunas opciones para que esa persona se hospede o hacerle algunas recomendaciones.

Ahora vamos con el lado B de la vida migrante. Cuando uno desea ver a sus seres queridos y como sabes que vienen poco tiempo, planeas mil actividades con ellos para disfrutarlos al máximo, pero al mismo tiempo, pues no puedes desconectar de tu realidad. ¿Cómo equilibrar este tema? Porque una cosa es que estés dedicada al 100% a ellos 10 días y otra muy distinta por 90 días.

Esta es una preocupación y un reto que se repite mucho en mis pacientes y es también una de las cosas que intento equilibrar y balancear cuando yo también tengo visitas. Creo que el migrante se encuentra con esa dualidad. Por un lado, querer sacarle jugo a los días, aprovechar cada segundo, pero se tiene una vida que hay que seguir, desde trabajo, estudios, relaciones, hasta cosas que parecen básicas, pero no lo son.

Por ejemplo:

Una rutina de autocuidado: hacer ejercicio, comer y dormir, etc.

Siempre le pregunto a mis pacientes, de tu rutina diaria, ¿Cuál es la cosa a la que no puedes renunciar y cuál es la actividad a la que no quieres renunciar? Es decir, tu mayor obligación y tu actividad de mayor disfrute. De esa manera se elige la obligación que hay que atender, que en su mayoría es nuestro trabajo, pero también que elijan algo que necesitan seguir haciendo. También creo que es importante integrar a nuestros seres queridos y amistades a nuestra rutina y actividades. Así por un lado, nos desconectamos de la vida que tenemos y nuestros familiares pueden entender un poco nuestro día a día en el extranjero.

Toda visita tiene su fin, aunque descansaremos y retomaremos nuestro espacio y nuestra rutina, es bastante común que sintamos un vacío o cierto malestar ¿Qué hacer en estos casos?

Al menos los primeros días es normal que sintamos cierta sensación de vacío y nostalgia. Que sintamos que se nos reactiva un poquito, como dicen aquí en España la morriña; extrañar a nuestra gente y nuestra tierra. Mis dos sugerencias es que siempre hagan un cierre. Díganle a la persona o escríbanle un mensajito haciéndole saber qué es lo que sacan de su tiempo juntos, que agradecen de su visita y la otra sugerencia es enfocarnos no en que esa persona ya no está, sino en lo que significan las visitas para nosotros como migrantes, ya que son posibilidades de compartir en otro país y de crear memorias únicas e increíbles que enriquecen nuestro vínculo en la distancia. Son grandes oportunidades de mantener nuestras relaciones y esa vida que se sigue teniendo, así que apreciemos con gratitud el regalo de tener ese tiempo y esa posibilidad.

Mis seres queridos envejecen y yo vivo en el extranjero: Vivir su tercera edad estando lejos

Mis seres queridos envejecen y yo vivo en el extranjero: Vivir su tercera edad estando lejos

Ellos viejos y yo lejos

Uno de los temas más difíciles como expat o emigrante, es el proceso de envejecimiento de nuestra familia mientras nos encontramos viviendo en el extranjero, lejos de ellos. Sé que es un proceso natural, pero duele no estar ahí para apoyar a tu familia cuando llegan a etapas como la tercera edad o a una enfermedad degenerativa. Duele verlos a través de los vídeos con más arruguitas, más olvidadizos y más lentos o que tus familiares te cuenten como el tiempo está minando sus capacidades físicas y mentales.

Para hablar de este tema, me decidí por terapia grupal con nuestra psicoterapeuta de cabecera: Irene Del Valle de «Mentes en equilibrio», para tratar este tema a fondo y subirnos un poquito los ánimos. Escucha el podcast en tu plataforma preferida, haz clic en cualquiera de los siguientes enlaces:

Les dejó la entrevista, por si prefieren leerla en este post.

¿Por qué crees que el tema sobre el envejecimiento de nuestros seres queridos mientras estamos lejos, nos duele a la mayoría de los expatriados?

Primero por qué nos bombardearon a lo largo de nuestra vida con mensajes que nos han hecho creer que la vejez es algo malo, nos han hecho satanizarla y rechazarla y a la vez,  nos han generado que le temamos y que tengamos una postura negativa hacia ella.

Por ejemplo, ¿Cuántas cosas no nos venden todos los días para no envejecer y para rejuvenecer? Cremas, suplementos y un sin fin de cosas. Casi nada nos han vendido para envejecer digna y sanamente. Tenemos una cultura evitativa al hecho del paso de los años, que le huye a la idea de hacerse viejo, en vez de afrontar la vejez o verla cómo otra fase vital que también se puede disfrutar. Por eso cuando vemos a los nuestros envejecer, nos duele muchísimo y desde estos mensajes internalizados, la experimentamos con esa misma resistencia con la que nos lo han enseñado a verla.

Por ello a nuestros ojos, el envejecimiento  es una fase de mucho dolor. Ya si de por si  es duro ver a los padres envejecer debido a estas creencias y por que si, es real que nos enfrentamos a ver cómo cambia su fortaleza o su agilidad física y mental ,su nivel de independencia a eso le agregamos  el peso de la distancia.

Vivir en el extranjero, nos impide estar ahí físicamente, disfrutándoles y también, nos impide ayudarles o apoyarles directamente. Además, algo que es parte de nuestra realidad constante como migrantes es que el tiempo que dejamos de tener con ellos, porque quienes nos vamos lejos de casa nos hacemos más consciente del paso del tiempo y parte de ese tiempo, es el tiempo que perdemos con nuestros seres queridos y que cuando pensamos en nuestros adultos mayores, ese tiempo es aún más doloroso perderlo, porque sabemos que no les queda tanto, o que por ley de vida, cada vez les queda menos, por muy duro que suene.

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Y ello, ¿Qué impacto psicológico genera?

Esto genera mucha culpa. Uno piensa: ¡Me he perdido de mis padres por vivir fuera! ¡No estoy para cuidarles! ¡Están envejeciendo solos! etc.

También genera mucha tristeza, incertidumbre y miedo.  Además, para los migrantes que no estamos ahí, los cambios se perciben de forma más brusca cada vez que se visita,  por que quien está con ellos o convive a diario no lo nota tan tajantemente. Entonces también es algo que lo vemos de forma más brusca.

Si a todo esto, le añadimos situaciones que lo hacen más complejo, cómo por ejemplo alguna enfermedad degenerativa o propia de la tercera edad, esto hace esa transición y esa aceptación mucho más compleja, por que se le suma al hecho del envejecimiento, el sufrimiento  y el malestar producto de una enfermedad. Al contrario de si vemos a nuestros seres queridos envejecer de una forma digna y plena, pues eso nos da cierta tranquilidad, aunque a la vez, nostalgia por que no podemos compartir con ellos.

Igualmente en el impacto emocional, influye si somos hijas o hijos únicos en donde esta situación, se complica aún más, por que no hay nadie que me releve o en quien me apoye. Por el otro lado, quienes si tienen hermanos, los que están físicamente ahí pueden tomarlo como un “tú no estás”, “me abandonaste con esta responsabilidad” y lo pueden llegar a vivir como una carga o un desbalance.

Me gustaría añadir que si uno es de una cultura latina, el tema del envejecimiento de nuestra familia, también nos puede pegar un poquito más, porque venimos de una cultura comunitaria, que nos ha enseñado el valor de la familia, de hacernos cargo de los nuestros, de cuidarlos como cuando ellos cuidaron de nosotros de pequeños . A diferencia de otras culturas individualistas y con menos culpas sobre es tema, que relacionarían el cuidado de los mayores al gobierno o al estado.

¿Cómo podemos como expats, lidiar psicológica y emocionalmente con este proceso?

Primero, aceptándolo no evadiéndolo o haciendo cómo que no pasa, por que esa falta de aceptación nos impide actuar congruentemente y de una forma que después no nos genere culpas y remordimientos. Segundo, ten y construye una relación a distancia de la que no te arrepientas, que te haga sentir en paz, sabiendo que pese a no estar todos los días, le amaste con todas tus fuerzas y desde todas tus posibilidades y que el día en que tu madre o tu padre o tu ser querido no esté, tengas certeza y calma y no culpa y arrepentimiento por lo que no fue o por lo que querías que fuera pero postergaste hacer.

Creo que cuando emigramos las distintas relaciones que teníamos no se terminan, sino que cambian la manera en la que nos relacionamos con los nuestros. Por lo tanto, podemos seguir poniendo atención, cuidado y cariño en nuestras relaciones, vivimos en un época en la que esto es muy fácil. Que si envías mensajes por redes sociales, si los ves por vídeos, si les envías regalos a través de tiendas online, hay mil maneras para estar cerca de nuestras personas.

Tercero, es esencial revisar nuestras creencias y miedos alrededor del proceso de envejecimiento: si  solo veo el declive, la pérdida, la enfermedad da mucho terror, pero si también se ve como un espacio de recoger todo lo sembrado, de descanso, de sabiduría , etc. Pues no solo no se vive tan dolorosamente, sino también nos relacionamos con nuestros adultos mayores desde otro lugar, no como enfermos o personas en sufrimiento, sino como alguien que tiene mucho por aportarnos aún.

Otra recomendación, es ver el proceso de envejecimiento no sólo como un  reto, sino al mismo tiempo como una gran oportunidad, de redefinir .nuestro proyecto migratorio y de confirmar nuestro sentido de vida para reflexionar cómo queremos envejecer.

Por ejemplo, como hijos en el extranjero podemos preguntarnos: ¿Quiero traerme o no a mi madre/padre conmigo? ¿Quiero regresar yo a cuidarle/acompañarle? ¿De qué forma puedo estar más presente si voy a seguir viviendo en el extranjero y  teniendo una relación a distancia?, ¿Tengo asuntos pendientes que necesito sanar o perdonar, sabiendo que el tiempo es contado? ¿Qué cosas necesito decir para que el día que no esté, me sienta tranquilo o tranquila de que mi ser querido sabía todo lo que yo sentía o significó en mi vida?

Algo que a mi me ha ayudado mucho a sentirme en paz en cuanto a la muerte de mi abuelita y a no haber pasado estos últimos 7 años más cercana a ella, fue tener este tipo de conversaciones, decirle siempre lo mucho que la amaba y lo que significaba para mí, cada vez que era posible, hacerle una videollamada y verla y que me viera.

También podemos reflexionar sobre  nuestra propia vejez: ¿Cómo quiero envejecer? ¿La vida que llevo me va a llevar a envejecer de la forma en la que lo deseo? ¿Qué aprendo de mi padre en su vejez? ¿Qué aprendo de mi madre o de mis abuelos?¿Quiero envejecer en el extranjero y mantener mi proyecto migratorio? O ¿Cuándo envejezca tal vez es momento de volver y vivir la última etapa de mi vida en mi tierra?

Vamos ahora desde el lado, de esos seres queridos que se quedaron en nuestro país, esos padres, madres, abuelos, abuelas, tíos, tías, hermanos y hermanas que el paso del tiempo les está afectando porque están entrados en años, ¿Cómo ellos pueden gestionar con nosotros como expatriados estos temas?

  • Con honestidad y transparencia- Que nos cuenten las cosas, que no crean que nos cuidan ocultándonos tanto temas médicos y físicos, como emocionales.
  • Con cercanía y apertura emocional, no es momento de guardarse nada, sino todo lo contrario.
  • Que nos cuenten cómo quieren vivir esta etapa y qué necesitan de nosotros…-
  • Que piensen en cómo darle sentido a sus días, que recuerden que nunca es tarde para definir lo que queremos en la vida.

Les invito a reflexionar sobre los aprendizajes y la influencia de la migración: ¿Qué les enseñó la distancia con nosotros, sobre nuestra relación con ellos y sobre ellos mismos o ellas mismas cómo seres queridos de un migrante? ¿Cómo la experiencia migratoria impactó sus vidas y les hizo ver algo de ellas o ellos mismos que no hubieran visto o descubierto si no nos hubiéramos ido?

Por último, si se sienten abrumados, pidan ayuda profesional (mi abuelita fue a un psicogeriatra y creo que le ayudó a contarse a si misma su vida de otra manera, además de sentir que tenía un espacio en dónde podía ser escuchada sin juicios y con un experto que entendía perfectamente lo que estaba experimentando).

 Recomendaciones de recursos: 

Por si quieren buscar materiales que les ayuden a ver su vejez desde un lugar más amoroso, compasivo, objetivo y responsable:

-“ A  pesar de los pesares: cuaderno de la vejez» ,

“La vejez positiva: nunca es demasiado tarde para ser feliz” 

 

Llevarnos a nuestros familiares envejecidos al extranjero con nosotros, ¿sería una buena solución ?

Creo que no hay buenas o malas soluciones, puede ser una solución para algunos y para otros no. Es una decisión que depende de cada persona, de su estilo de vida en el extranjero, de su capacidad económica y sus posibilidades, de las condiciones legales del país de residencia y muchas cosas más.

Pero sobre todo, creo que lo más importante es pensar también en esa otra persona, ¿Qué efecto va a tener en mi familiar emigrar en la tercera edad? ¿Nuestro ser querido o nuestro familiar quiere migrar o desea envejecer en su país, en su ciudad, en su casa, alrededor de su otra gente?  Depende de muchas circunstancias, pero siempre  se tiene que preguntar a nuestro ser querido qué es lo que ella o él quiere, por que a veces tendemos a tratar a los adultos mayores como niños chiquito, erróneamente nos volvemos a veces “padres/madres” de nuestros mayores y comenzamos a decidir por ellos. En una situación tan pero tan importante como lo es migrar, es importante escucharles y valorar qué tanto es un bien o qué tanto es un mal, más allá de nuestro deseo de tenerles cerca.

Creo que lo más importante es que ellos sientan que viven la fase final de su vida plenamente y de la forma en la que lo desean y en este caso, en dónde lo desean.

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¿Algo más que quieras agregar?

Simplemente que acompañen a sus adultos mayores a envejecer con el mismo amor que ellos nos acompañaron a crecer.  Independientemente de la distancia, abracémosles en esta fase de vida y cuidemos no volvernos sermoneros; a veces gastamos energía diciéndoles que hagan equis o tal cosa que creemos que les hará llevar una vida mejor o en que no hagan tal cosa por que daña su salud y dejamos de lado conversaciones basadas en la gratitud, en el amor que les tenemos, en compartirles nuestra vida más allá de enumerar las cosas que hacemos, sino más bien, cómo nos sentimos, si hemos tenido alguna reflexión vital importante o en escuchar todo lo que tienen por enseñarnos, desde la sabiduría de su vida.

No hay que tenerles lástima, sino compasión y admiración, han tenido un gran regalo que es poder disfrutar de la vida hasta esta etapa y eso significa que no murieron jóvenes, que han tenido el regalo del tiempo. Así que les invito a que:

«Honremos esa vida en vida, honrémosles ahora que aún hay tiempo, ahora que siguen estando».

 

Un poquito sobre Irene del Valle

Es psicóloga clínica, tiene doble titulación avalada por la Universidad de las Américas como «Licenciada en Psicología Clínica» y por el Mexico City College como «Bachelor in Arts of Psychology». Además, tiene una especialidad en terapia cognitivo-conductual . Y un Máster en Intervención y Mediación Familiar. Actualmente, trabaja como psicóloga clínica en Sevilla y a distancia a través de “Mentes en Equilibrio” y «Amar Sanamente»

IG, Facebook y Youtube: «Mentes en equilibrio»

IG y Facebook: «Amar sanamente»

Amor propio, autoconfianza y autocompasión en el extranjero

Amor propio, autoconfianza y autocompasión en el extranjero


¡Sé tu mejor compañía!

Sabemos que emigrar, es un cambio de vida de 180 grados y que la adaptación a otro país es una experiencia de vida radical. Es por eso que dirigidas por la psicoterapeuta de «Mentes en Equilibrio» Irene del Valle; varias terapeutas, emigrantes y  blogueras expats, nos unimos para crear y compartirles este «Manual de amor propio, autoconfianza y autocompasión en el extranjero».

En este manual encontrarás varios consejos, actividades, aprendizajes personales y algunas técnicas de autocuidado emocional, para que en tu viaje y adaptación a ese nuevo país y cultura; seas tu mejor compañera y aprendas a gestionarte.

El manual es totalmente gratuito, son más de 50 páginas enfocadas en ayudarte en tu proceso, más de 20 mujeres emigrantes juntas en un sólo manual,  que comparten sus experiencias para enriquecer tu viaje, promover el autocuidado, la compasión y  darte consejos únicos, que seguro te ayudarán mucho.

Puedes descargarlo de manera gratuita en el siguiente enlace:

Manual de amor propio, autoconfianza y autocompasión en el extranjero

¡Hazte con él y déjanos tus comentarios al respecto!

Recuerda que también tienes mi libro: «Todo lo que me hubiera encantado saber al emigrar» disponible en todas las plataformas de diversos países de Amazon, tanto en formato de tapa blanda y digital. Un libro de cabecera para cualquier emigrante.

Recomendación Literaria: «Viviendo en el extranjero»

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Post colaborativo

¡Hola a todos!

Primero quiero agradecer a Claudia por darme la oportunidad de compartir mi historia y la del proyecto de mi libro Viviendo en el extranjero.

Ahora sí me presento. Soy Rossana y tengo 31 años. Nací en Guayaquil, Ecuador y en Octubre de 2014 decidí mudarme a Barcelona, España para estudiar un Máster que iba a durar diez meses. Lo que no sabía es que mi estancia se extendería y, ahora en junio de 2021, he cumplido seis años y ocho meses en esta hermosa ciudad.

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Viajar sola por el mundo y vida expat

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El día de hoy en Muy Intercultural, tengo el placer de entrevistar a  Paula Velandia, ella es oriunda de Bogotá, Colombia y en este momento se encuentra viviendo en Bélgica.  Ha viajado por 35 países  y vivido en 3. Habla, nada más y nada menos que 7 idiomas y es autora del blog de viajes: «Si no vas nunca lo sabrás». Les comparto esta gran entrevista en la que Paula nos da sabios consejos para viajar solas por el mundo, para aprender varios idiomas y adaptarnos al país al que emigramos. (más…)

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