Gastronomía entre culturas

¡Es hora de comer…!

Si vivieras en México, quizás te estarían esperando unos ricos tacos al pastor con salsa verde. Fish and chips en Reino Unido. Un sabroso sushi en Japón. En Perú un rico ceviche. Mientras que en Kenia un Nyama Choma.

En Dinamarca comerías a las 12:00 del día. Mientras que en China entre las 11:00 y 13:00 horas.  Y en España entre las 14:00 y 15:00 horas.

Los chinos y japoneses comen con palillos. Al sur de la India tomas tus alimentos con tu mano derecha. Mientras que en otros países con algunos cubiertos.

 

El binomio: cultura y comida

 

La comida  está íntimamente ligada a la cultura en la que nacimos y nos desarrollamos. Nuestro sentido del gusto se habitúa a esos sabores. Como dice el escritor Jonathan Safrán Foer; “la comida no es racional, es cultura, hábito, deseo e identidad”.

La comida muestra las características de las personas y de toda una cultura. Incluso puede mostrar los roles masculinos y/o femeninos predominantes en cierta cultura, la importancia de la familia y los estilos de vida.

En Italia, la feminidad de una mujer ha sido tradicionalmente juzgada de acuerdo a cuánto tiempo pasaba en la cocina. Los hombres comen solos, mientras la mujer cocina y supervisa para luego comer después, el algunos países de África.  Los estadounidenses han adoptado como modo de vida, la comida para llevar y los alimentos congelados.

 

La comida es utilizada para celebrar o ritualizar eventos de la vida. Por ejemplo, sirven para marcar: nacimientos, bodas e incluso la muerte.

El mundo de la comida no sólo implica diversidad de alimentos sino una pluralidad en el sentido del gusto, ingredientes y métodos para preparar comida. Incluso los libros de modales de etiqueta y los protocolos culinarios,  varían de país en país.

 

El arte de comer en otro país

 

La comida es muy importante en la vida diaria de cualquier persona.  Pero, ¿qué pasa cuando esa persona se encuentra viviendo en otro país y cultura? O ¿cuándo su pareja es de otra cultura y ambos viven en un tercer país distinto al de ellos?

Pues pueden ocurrir problemas, sobre todo si la comida y los sabores de esta nueva cultura, no gustan o no se encuentran puntos de encuentro con los anteriores alimentos que se consumían.  Lo peor es que estos “inconvenientes” sucederán no una sino tres veces al día e inclusive, podrían producir problemas estomacales.

Cuando Alejandro, mi pareja española, estuvo viviendo en México, los primeros días enfermó de diarrea. A él le gustaba la comida mexicana, pero su organismo no estaba muy habituado al chile ni a otros alimentos. Él decía en tono cómico que estaba bajo: “la maldición de Moctezuma”, su malestar era una especie de venganza Azteca, por la conquista española.

comida-mexicana

Yamile, una mexicana viviendo en Dinamarca, le gusta la comida de éste país. Pero aún no se habitúa a que su comida más basta sea la cena, que se hace a las 6:00 de la tarde.

Es indudable, las personas necesitan su comida del alma, esa que conocieron en sus primeros años, especialmente cuando viven en un contexto muy distinto al de su tierra natal, ellos necesitan tener alguna conexión con su país.

Afortunadamente con la globalización, es cada vez más común encontrar ingredientes y restaurantes de nuestra cultura materna. Yo literalmente he llorado, al comer mi platillo favorito (pozole mexicano) con su sabor original, en España.

Sin embargo, no siempre tendremos la facilidad para encontrar esa comida en el nuevo país en el que vivimos. Ante ello, recomiendo tener una postura abierta y flexible, para degustar la gastronomía del nuevo país en el que residimos  o la comida de nuestra pareja intercultural.

Sólo así sabremos si realmente algo nos gusta o no, adentrándonos a la aventura de experimentar nuevos sabores y platillos.

Y si en primera instancia esos platillos nuevos no son tan “ricos” como la comida a la que estábamos acostumbrados. Créanme que podemos entrenar nuestro paladar  y papilas gustativas, para que un alimento que considerábamos “pasable” se vuelva sabroso.

Yo lo hice con las aceitunas, en un principio me costaba un poquito de trabajo comerlas. Al probarlas decenas de ocasiones más, fue un sabor al que me fui acostumbrando.  Hasta que llegaron a gustarme.

Eso es lo más mágico de descubrir la comida de otra cultura,  nos ayuda a auto-descubrirnos y a saber del propio potencial para entrenar nuestro paladar a nuevos saborcillos.

Cuando probamos la gastronomía de otras culturas, somos como niña/os de nuevo, experimentando sabores y definiendo si nos gustan o no. Si algún alimento no nos desagrada del todo, recomiendo comerlo un par de ocasiones más, sólo así sabremos de manera certera si incluirlo o no en nuestra dieta.

La comida en las relaciones interculturales

 

Comida-Multicultural

Si forman parte de una pareja multicultural  y tienen problemas en este rubro.  Deben de trabajar y encontrar acuerdos en esta área, hallando una solución que satisfaga ambos. No sólo en términos de lo que se sirve, sino también en torno a  lo que es cocinado, preparado  y de quién se encarga de su limpieza.

Siempre que no seas alérgico a la comida de la cultura de tu pareja, se puede llegar a un común acuerdo en cuanto a estas diferencias gastronómicas. Ello les permitirá seguir disfrutando de sus alimentos sin afectar el estómago del otro.

Una forma de hacerlo, sería cocinando comida bicultural, mezclando lo mejor de ambas culturas.

Quizás cocinen salmón a la plancha pero con un poco de chile.  Sushi relleno de pollo empanizado, etc.

Para muchas personas, esos serían pecados culinarios, pero como pareja multicultural, tienen que ser capaces de crear sus propias reglas. En este caso,  definir sabores y platillos que gusten  a los dos.

Si a eso agregamos buen humor, tolerancia, apertura y ganas de empatizar.  Seguro que obtienen platillos nuevos para “chuparse los dedos”. Así como momentos que nunca olvidarán.

Yo guardo en mi memoria y para la posteridad, ese  impactante momento en el que vi a mi pareja española, cocinando chapulines (saltamontes), porque resultó que le encantaron.

Al final, como dice el gran chef Ferrán Adriá: “no hay comida rara, hay gente rara. Todo es cultural”. Y quizás todos seamos un tanto raritos…

¿No lo crees?

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