Ellos viejos y yo lejos

Uno de los temas más difíciles como expat o emigrante, es el proceso de envejecimiento de nuestra familia mientras nos encontramos viviendo en el extranjero, lejos de ellos. Sé que es un proceso natural, pero duele no estar ahí para apoyar a tu familia cuando llegan a etapas como la tercera edad o a una enfermedad degenerativa. Duele verlos a través de los vídeos con más arruguitas, más olvidadizos y más lentos o que tus familiares te cuenten como el tiempo está minando sus capacidades físicas y mentales.

Para hablar de este tema, me decidí por terapia grupal con nuestra psicoterapeuta de cabecera: Irene Del Valle de «Mentes en equilibrio», para tratar este tema a fondo y subirnos un poquito los ánimos. Escucha el podcast en tu plataforma preferida, haz clic en cualquiera de los siguientes enlaces:

Les dejó la entrevista, por si prefieren leerla en este post.

¿Por qué crees que el tema sobre el envejecimiento de nuestros seres queridos mientras estamos lejos, nos duele a la mayoría de los expatriados?

Primero por qué nos bombardearon a lo largo de nuestra vida con mensajes que nos han hecho creer que la vejez es algo malo, nos han hecho satanizarla y rechazarla y a la vez,  nos han generado que le temamos y que tengamos una postura negativa hacia ella.

Por ejemplo, ¿Cuántas cosas no nos venden todos los días para no envejecer y para rejuvenecer? Cremas, suplementos y un sin fin de cosas. Casi nada nos han vendido para envejecer digna y sanamente. Tenemos una cultura evitativa al hecho del paso de los años, que le huye a la idea de hacerse viejo, en vez de afrontar la vejez o verla cómo otra fase vital que también se puede disfrutar. Por eso cuando vemos a los nuestros envejecer, nos duele muchísimo y desde estos mensajes internalizados, la experimentamos con esa misma resistencia con la que nos lo han enseñado a verla.

Por ello a nuestros ojos, el envejecimiento  es una fase de mucho dolor. Ya si de por si  es duro ver a los padres envejecer debido a estas creencias y por que si, es real que nos enfrentamos a ver cómo cambia su fortaleza o su agilidad física y mental ,su nivel de independencia a eso le agregamos  el peso de la distancia.

Vivir en el extranjero, nos impide estar ahí físicamente, disfrutándoles y también, nos impide ayudarles o apoyarles directamente. Además, algo que es parte de nuestra realidad constante como migrantes es que el tiempo que dejamos de tener con ellos, porque quienes nos vamos lejos de casa nos hacemos más consciente del paso del tiempo y parte de ese tiempo, es el tiempo que perdemos con nuestros seres queridos y que cuando pensamos en nuestros adultos mayores, ese tiempo es aún más doloroso perderlo, porque sabemos que no les queda tanto, o que por ley de vida, cada vez les queda menos, por muy duro que suene.

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Y ello, ¿Qué impacto psicológico genera?

Esto genera mucha culpa. Uno piensa: ¡Me he perdido de mis padres por vivir fuera! ¡No estoy para cuidarles! ¡Están envejeciendo solos! etc.

También genera mucha tristeza, incertidumbre y miedo.  Además, para los migrantes que no estamos ahí, los cambios se perciben de forma más brusca cada vez que se visita,  por que quien está con ellos o convive a diario no lo nota tan tajantemente. Entonces también es algo que lo vemos de forma más brusca.

Si a todo esto, le añadimos situaciones que lo hacen más complejo, cómo por ejemplo alguna enfermedad degenerativa o propia de la tercera edad, esto hace esa transición y esa aceptación mucho más compleja, por que se le suma al hecho del envejecimiento, el sufrimiento  y el malestar producto de una enfermedad. Al contrario de si vemos a nuestros seres queridos envejecer de una forma digna y plena, pues eso nos da cierta tranquilidad, aunque a la vez, nostalgia por que no podemos compartir con ellos.

Igualmente en el impacto emocional, influye si somos hijas o hijos únicos en donde esta situación, se complica aún más, por que no hay nadie que me releve o en quien me apoye. Por el otro lado, quienes si tienen hermanos, los que están físicamente ahí pueden tomarlo como un “tú no estás”, “me abandonaste con esta responsabilidad” y lo pueden llegar a vivir como una carga o un desbalance.

Me gustaría añadir que si uno es de una cultura latina, el tema del envejecimiento de nuestra familia, también nos puede pegar un poquito más, porque venimos de una cultura comunitaria, que nos ha enseñado el valor de la familia, de hacernos cargo de los nuestros, de cuidarlos como cuando ellos cuidaron de nosotros de pequeños . A diferencia de otras culturas individualistas y con menos culpas sobre es tema, que relacionarían el cuidado de los mayores al gobierno o al estado.

¿Cómo podemos como expats, lidiar psicológica y emocionalmente con este proceso?

Primero, aceptándolo no evadiéndolo o haciendo cómo que no pasa, por que esa falta de aceptación nos impide actuar congruentemente y de una forma que después no nos genere culpas y remordimientos. Segundo, ten y construye una relación a distancia de la que no te arrepientas, que te haga sentir en paz, sabiendo que pese a no estar todos los días, le amaste con todas tus fuerzas y desde todas tus posibilidades y que el día en que tu madre o tu padre o tu ser querido no esté, tengas certeza y calma y no culpa y arrepentimiento por lo que no fue o por lo que querías que fuera pero postergaste hacer.

Creo que cuando emigramos las distintas relaciones que teníamos no se terminan, sino que cambian la manera en la que nos relacionamos con los nuestros. Por lo tanto, podemos seguir poniendo atención, cuidado y cariño en nuestras relaciones, vivimos en un época en la que esto es muy fácil. Que si envías mensajes por redes sociales, si los ves por vídeos, si les envías regalos a través de tiendas online, hay mil maneras para estar cerca de nuestras personas.

Tercero, es esencial revisar nuestras creencias y miedos alrededor del proceso de envejecimiento: si  solo veo el declive, la pérdida, la enfermedad da mucho terror, pero si también se ve como un espacio de recoger todo lo sembrado, de descanso, de sabiduría , etc. Pues no solo no se vive tan dolorosamente, sino también nos relacionamos con nuestros adultos mayores desde otro lugar, no como enfermos o personas en sufrimiento, sino como alguien que tiene mucho por aportarnos aún.

Otra recomendación, es ver el proceso de envejecimiento no sólo como un  reto, sino al mismo tiempo como una gran oportunidad, de redefinir .nuestro proyecto migratorio y de confirmar nuestro sentido de vida para reflexionar cómo queremos envejecer.

Por ejemplo, como hijos en el extranjero podemos preguntarnos: ¿Quiero traerme o no a mi madre/padre conmigo? ¿Quiero regresar yo a cuidarle/acompañarle? ¿De qué forma puedo estar más presente si voy a seguir viviendo en el extranjero y  teniendo una relación a distancia?, ¿Tengo asuntos pendientes que necesito sanar o perdonar, sabiendo que el tiempo es contado? ¿Qué cosas necesito decir para que el día que no esté, me sienta tranquilo o tranquila de que mi ser querido sabía todo lo que yo sentía o significó en mi vida?

Algo que a mi me ha ayudado mucho a sentirme en paz en cuanto a la muerte de mi abuelita y a no haber pasado estos últimos 7 años más cercana a ella, fue tener este tipo de conversaciones, decirle siempre lo mucho que la amaba y lo que significaba para mí, cada vez que era posible, hacerle una videollamada y verla y que me viera.

También podemos reflexionar sobre  nuestra propia vejez: ¿Cómo quiero envejecer? ¿La vida que llevo me va a llevar a envejecer de la forma en la que lo deseo? ¿Qué aprendo de mi padre en su vejez? ¿Qué aprendo de mi madre o de mis abuelos?¿Quiero envejecer en el extranjero y mantener mi proyecto migratorio? O ¿Cuándo envejezca tal vez es momento de volver y vivir la última etapa de mi vida en mi tierra?

Vamos ahora desde el lado, de esos seres queridos que se quedaron en nuestro país, esos padres, madres, abuelos, abuelas, tíos, tías, hermanos y hermanas que el paso del tiempo les está afectando porque están entrados en años, ¿Cómo ellos pueden gestionar con nosotros como expatriados estos temas?

  • Con honestidad y transparencia- Que nos cuenten las cosas, que no crean que nos cuidan ocultándonos tanto temas médicos y físicos, como emocionales.
  • Con cercanía y apertura emocional, no es momento de guardarse nada, sino todo lo contrario.
  • Que nos cuenten cómo quieren vivir esta etapa y qué necesitan de nosotros…-
  • Que piensen en cómo darle sentido a sus días, que recuerden que nunca es tarde para definir lo que queremos en la vida.

Les invito a reflexionar sobre los aprendizajes y la influencia de la migración: ¿Qué les enseñó la distancia con nosotros, sobre nuestra relación con ellos y sobre ellos mismos o ellas mismas cómo seres queridos de un migrante? ¿Cómo la experiencia migratoria impactó sus vidas y les hizo ver algo de ellas o ellos mismos que no hubieran visto o descubierto si no nos hubiéramos ido?

Por último, si se sienten abrumados, pidan ayuda profesional (mi abuelita fue a un psicogeriatra y creo que le ayudó a contarse a si misma su vida de otra manera, además de sentir que tenía un espacio en dónde podía ser escuchada sin juicios y con un experto que entendía perfectamente lo que estaba experimentando).

 Recomendaciones de recursos: 

Por si quieren buscar materiales que les ayuden a ver su vejez desde un lugar más amoroso, compasivo, objetivo y responsable:

-“ A  pesar de los pesares: cuaderno de la vejez» ,

“La vejez positiva: nunca es demasiado tarde para ser feliz” 

 

Llevarnos a nuestros familiares envejecidos al extranjero con nosotros, ¿sería una buena solución ?

Creo que no hay buenas o malas soluciones, puede ser una solución para algunos y para otros no. Es una decisión que depende de cada persona, de su estilo de vida en el extranjero, de su capacidad económica y sus posibilidades, de las condiciones legales del país de residencia y muchas cosas más.

Pero sobre todo, creo que lo más importante es pensar también en esa otra persona, ¿Qué efecto va a tener en mi familiar emigrar en la tercera edad? ¿Nuestro ser querido o nuestro familiar quiere migrar o desea envejecer en su país, en su ciudad, en su casa, alrededor de su otra gente?  Depende de muchas circunstancias, pero siempre  se tiene que preguntar a nuestro ser querido qué es lo que ella o él quiere, por que a veces tendemos a tratar a los adultos mayores como niños chiquito, erróneamente nos volvemos a veces “padres/madres” de nuestros mayores y comenzamos a decidir por ellos. En una situación tan pero tan importante como lo es migrar, es importante escucharles y valorar qué tanto es un bien o qué tanto es un mal, más allá de nuestro deseo de tenerles cerca.

Creo que lo más importante es que ellos sientan que viven la fase final de su vida plenamente y de la forma en la que lo desean y en este caso, en dónde lo desean.

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¿Algo más que quieras agregar?

Simplemente que acompañen a sus adultos mayores a envejecer con el mismo amor que ellos nos acompañaron a crecer.  Independientemente de la distancia, abracémosles en esta fase de vida y cuidemos no volvernos sermoneros; a veces gastamos energía diciéndoles que hagan equis o tal cosa que creemos que les hará llevar una vida mejor o en que no hagan tal cosa por que daña su salud y dejamos de lado conversaciones basadas en la gratitud, en el amor que les tenemos, en compartirles nuestra vida más allá de enumerar las cosas que hacemos, sino más bien, cómo nos sentimos, si hemos tenido alguna reflexión vital importante o en escuchar todo lo que tienen por enseñarnos, desde la sabiduría de su vida.

No hay que tenerles lástima, sino compasión y admiración, han tenido un gran regalo que es poder disfrutar de la vida hasta esta etapa y eso significa que no murieron jóvenes, que han tenido el regalo del tiempo. Así que les invito a que:

«Honremos esa vida en vida, honrémosles ahora que aún hay tiempo, ahora que siguen estando».

 

Un poquito sobre Irene del Valle

Es psicóloga clínica, tiene doble titulación avalada por la Universidad de las Américas como «Licenciada en Psicología Clínica» y por el Mexico City College como «Bachelor in Arts of Psychology». Además, tiene una especialidad en terapia cognitivo-conductual . Y un Máster en Intervención y Mediación Familiar. Actualmente, trabaja como psicóloga clínica en Sevilla y a distancia a través de “Mentes en Equilibrio” y «Amar Sanamente»

IG, Facebook y Youtube: «Mentes en equilibrio»

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